En el consultorio, la gran mayoría de los pacientes con glaucoma no llega por síntomas. Llega porque algo apareció en un control oftalmológico de rutina, o derivada por otro profesional. Y esa forma de llegar cuenta, por sí sola, la historia de la enfermedad: el glaucoma crónico de ángulo abierto —la forma más frecuente— avanza en silencio durante muchos años, sin dar ninguna señal en sus etapas iniciales.

Qué es el glaucoma

El glaucoma es una enfermedad del nervio óptico, ese “cable” que conecta el ojo con el cerebro y le transmite toda la información visual. En la mayoría de los casos, el daño es lento y progresivo. Por eso, al principio, el paciente no nota absolutamente ningún cambio en su visión: la enfermedad avanza, pero no se deja ver.

Por qué no avisa

La clave está en entender qué parte de la visión afecta primero: la periférica, la de los costados. Y acá aparece lo más engañoso de esta enfermedad: el cerebro compensa tan bien esas pequeñas pérdidas que la visión central permanece intacta durante mucho tiempo. La persona sigue leyendo, manejando y haciendo su vida de siempre, sin sospechar que está perdiendo campo visual. Cuando los síntomas finalmente aparecen, muchas veces ya existe un daño importante e irreversible.

Por eso vale la pena repetirlo: ver bien no significa no tener glaucoma. Es muy frecuente que una persona conserve una excelente agudeza visual y, sin embargo, ya presente un daño significativo del nervio óptico o del campo visual. Justamente por ese carácter silencioso, el glaucoma es una de las principales causas de ceguera prevenible en el mundo. Y la palabra clave es “prevenible”: lo que se perdió no se recupera, pero el avance sí se puede frenar, con un control a tiempo.

Quiénes tienen más riesgo

El principal factor de riesgo es la edad: a medida que pasan los años, aumenta la probabilidad de desarrollar la enfermedad. Pero no es el único. También suman riesgo:

  • Antecedentes familiares directos de glaucoma.
  • Presión intraocular elevada.
  • Miopía alta.
  • Córneas delgadas.
  • Diabetes.
  • Uso prolongado de corticoides.
  • Antecedentes de traumatismos o cirugías oculares.

El factor familia: una mención especial

Este punto merece un párrafo aparte. Tener padre, madre o un hermano con glaucoma multiplica el riesgo de desarrollar la enfermedad. Por eso, cada vez que diagnosticamos a un paciente con glaucoma, le recomendamos algo más: que sus familiares directos también se hagan un examen oftalmológico. Si en tu familia hay glaucoma, esta nota es especialmente para vos.

Cuándo empezar a controlarse y cada cuánto

En personas sin factores de riesgo, recomendamos comenzar con controles oftalmológicos periódicos alrededor de los 40 años. A partir de ahí, la frecuencia depende de lo que encuentre el oftalmólogo, aunque en general un control cada uno o dos años suele ser suficiente si todo está normal.

Si hay antecedentes familiares directos, la recomendación cambia: conviene empezar antes —alrededor de los 35-40 años, o incluso 10 años antes de la edad en que fue diagnosticado el familiar, si tuvo un glaucoma de aparición precoz— y los controles pasan a ser anuales, porque el riesgo es significativamente mayor.

Cómo se detecta y se sigue

En el control evaluamos la presión ocular y el estado del nervio óptico y, cuando hace falta, lo completamos con estudios como el campo visual computarizado, la tomografía OCT, la paquimetría o la curva de presión ocular — todos disponibles en el IOC. Un dato importante: una sola medición de presión no define el diagnóstico. La presión varía a lo largo del día, y existen incluso glaucomas con presión normal. Por eso el diagnóstico integra varias piezas, y las junta siempre el especialista.

Se puede tratar — y ese es el punto

El daño que el glaucoma ya produjo no se recupera. Pero acá viene lo importante: detectado a tiempo, el glaucoma se trata. Gotas, láser o cirugía, según lo que necesite cada caso y siempre con indicación del especialista. El objetivo es uno solo: frenar o retrasar la progresión y conservar la visión que tenés. La diferencia entre llegar a tiempo y llegar tarde la termina haciendo algo tan simple como un turno.

¿Conocés a alguien de más de 40? Compartile esta nota: el glaucoma no avisa — pero vos sí podés.

Preguntas frecuentes

¿El glaucoma da síntomas?

En sus etapas iniciales, en general no. La forma más frecuente avanza en silencio durante años y, para cuando los síntomas aparecen, muchas veces el daño ya es importante. Por eso el diagnóstico casi siempre surge de un control, no de una molestia.

Veo perfecto, ¿puedo tener glaucoma igual?

Sí. Es muy frecuente conservar una excelente agudeza visual y, aun así, presentar un daño significativo del nervio óptico o del campo visual. Ver bien no descarta el glaucoma.

Tengo un familiar directo con glaucoma, ¿qué hago?

Adelantar el control: comenzar alrededor de los 35-40 años —o 10 años antes de la edad a la que fue diagnosticado tu familiar, si fue un glaucoma precoz— y repetirlo todos los años.

¿El glaucoma se cura?

No tiene cura, pero se controla: el tratamiento busca frenar el avance del daño y conservar la visión. Y cuanto antes se detecta, mejor es la evolución.

Instituto Oftalmológico de Córdoba · +50 años cuidando la vista de los cordobeses

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Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta médica. Cada persona y cada ojo son diferentes: el diagnóstico y el tratamiento deben ser evaluados por un profesional. Ley 17.132.