Las vacaciones de invierno son una buena oportunidad para poner al día el control oftalmológico de los más chicos. Durante el año escolar, entre el trabajo y los horarios de las actividades, coordinar un turno se complica; estas semanas más tranquilas son el momento perfecto. Te respondemos las seis preguntas que más nos hacen en el consultorio.
1. ¿Qué señales en casa deberían encender la alarma?
Muchos papás y mamás consultan porque notan que el chico se acerca demasiado a la tele o a la tablet, entrecierra los ojos para mirar de lejos o cierra un ojo sin darse cuenta. A veces inclina la cabeza para enfocar, o se queja de dolor de cabeza después de una actividad larga.
Otras señales aparecen en el día a día: copia mal del pizarrón, evita los juegos que necesitan buena visión de lejos (el fútbol, andar en bici) y prefiere los de cerca, o se cansa enseguida haciendo la tarea. También es frecuente que cuenten que "se le va" un ojo, hacia adentro o hacia afuera.
Cualquiera de estas señales ya es motivo de consulta. No hace falta esperar a que aparezcan varias.
2. ¿Por qué tantos problemas de la vista no dan síntomas en los chicos?
Por dos motivos. El primero: el chico no tiene con qué comparar. Si ve con menos nitidez de la que debería para su edad, para él eso es lo normal, así que no se queja. De hecho, cuando les preguntamos cómo ven, la gran mayoría dice "bien"; recién cuando los examinamos y probamos un lente aparece el clásico "¡ahora veo más lindo!".
El segundo: el cerebro se adapta muy bien. Si un ojo ve peor que el otro, el chico simplemente deja de usarlo y se apoya en el que ve bien, sin notarlo. Ese es justamente el mecanismo del "ojo vago" (ambliopía): es silencioso y solo se detecta con un control.
3. ¿A qué edades conviene el control, y por qué en vacaciones?
Como guía general, en el IOC hacemos un primer control al mes de vida, otro a los 6 meses y otro al año. Después, una vez por año si el examen es normal. Esto nos permite detectar a tiempo cualquier cosa que pueda entorpecer el desarrollo visual y tratarla cuando más sirve.
Las vacaciones ayudan por lo práctico: no hay que faltar al colegio, los papás tienen más flexibilidad para agendar el turno y, en muchos casos, necesitamos dilatar la pupila con unas gotas que dejan la vista borrosa un rato. Todo eso se lleva mucho mejor en un día sin clases.
4. ¿Qué les decimos siempre a los papás en el consultorio?
Lo primero, que hicieron bien en consultar. Después les explicamos con detalle qué encontramos —si es que hay algo— y también cómo es el desarrollo normal de la visión de un chico, para que se queden tranquilos.
La mayoría de las veces, detectado a tiempo, esto se resuelve bien: anteojos, un parche, algún ejercicio. Lo que realmente juega en contra no es el problema en sí, sino el tiempo que pasa. Cuanto antes se detecta, más simple y más efectivo es el tratamiento, sobre todo antes de los 6-7 años, mientras el sistema visual todavía se está formando.
5. Un caso típico donde detectar a tiempo hizo la diferencia
Es muy común: un chico de 4 o 5 años que en casa parece ver perfecto —corre, juega, no se queja de nada— y en el control de rutina aparece que un ojo ve bastante menos que el otro. Los papás se sorprenden, porque no había ninguna señal en el día a día. Empezando el tratamiento a esa edad, la recuperación suele ser muy buena. El mismo caso, en un chico de 9 o 10 años, es mucho más difícil de revertir.
La diferencia no la hizo un síntoma: la hizo el control.
6. ¿Cuánto influyen las pantallas y el tiempo al aire libre?
Bastante, sobre todo en la miopía. Hace años que la evidencia nos muestra que el tiempo al aire libre, con luz natural, es un factor protector para la vista en desarrollo. La peor mezcla es mucha pantalla y poco sol.
Algunos consejos prácticos:
- Apuntar a una o dos horas por día al aire libre.
- Usar la regla 20-20-20 con las pantallas: cada 20 minutos, mirar algo lejano (a unos 6 metros) durante 20 segundos.
- Cuidar la distancia y la buena iluminación al leer o usar dispositivos.
Y una recomendación de la Sociedad Argentina de Pediatría sobre pantallas: nada de pantallas antes de los 2 años, porque el sistema nervioso todavía está madurando; y, a partir de esa edad, solo contenido de calidad, no más de una hora por día, y nunca antes de dormir ni durante las comidas.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad conviene el primer control de la vista?
En el IOC recomendamos un control al mes de vida, otro a los 6 meses y otro al año. Después, una vez por año si el examen es normal.
¿Cómo me doy cuenta de que mi hijo puede ver mal?
Se acerca mucho a la pantalla, entrecierra los ojos, inclina la cabeza, se queja de dolor de cabeza, copia mal del pizarrón o se le desvía un ojo. Cualquiera de estas señales ya es motivo de consulta.
¿Por qué los chicos no avisan que ven mal?
Porque no tienen con qué comparar: para ellos, esa es su visión normal. Además, el cerebro se apoya en el ojo que ve mejor, así que un problema en un ojo puede pasar totalmente desapercibido.
¿Qué es el ojo vago (ambliopía)?
Es cuando un ojo desarrolla menos visión que el otro. Es silencioso y se trata muy bien si se detecta a tiempo, sobre todo antes de los 6-7 años.
¿Las pantallas afectan la vista de los chicos?
El uso intensivo de pantallas se asocia al aumento de la miopía. Ayuda sumar tiempo al aire libre, hacer pausas (regla 20-20-20) y cuidar la distancia y la luz.
Escribinos y coordinamos tu turno. Estamos para acompañarte.
Instituto Oftalmológico de Córdoba · +50 años cuidando la vista de los cordobeses
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Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta médica. Cada persona y cada ojo son diferentes: el diagnóstico y el tratamiento deben ser evaluados por un profesional. Ley 17.132.

